Oveja Negra

Más vale pueblo chico que infierno grande


28 de agosto de 2022

Oveja Negra

Un estudio que indaga acerca de la calidad de vida revela que, en pueblos y ciudades chicas del interior profundo de la Argentina, las personas sienten más tranquilidad y disfrutan más de la vida que quienes habitan en grandes urbes.

Durante el 13 y el 22 de julio se llevó adelante, por tercer año consecutivo, el trabajo de campo que permitió luego sistematizar las respuestas. A lo largo del cuestionario integrado por 70 preguntas, se incluyeron apreciaciones en torno a la educación en todos sus niveles, además oferta terciaria o universitaria; salud y calidad en sus servicios, así como especialidades médicas disponibles; transporte y comunicación. Además, se indagó sobre la facilidad para disfrutar amigos y amigas, circuitos gastronómicos, oferta recreativa y cultural; espacios públicos y además se evaluó la satisfacción por tener -o no- cercanía con un centro urbano mayor.  

¿Qué tan satisfecha/o se siente con la calidad de vida en localidad donde usted vive? Fue de las preguntas con que se encontraron las y los encuestados. A partir de allí, las respuestas que comenzaron a llegar sorprendieron. El 33% dijo estar muy satisfecho este año, un pequeño porcentaje más que el 27% del 2021. Esta cifra ascendió a 44% en los pueblos de menos de diez mil habitantes; 37% en ciudades medianas y 26% en grandes ciudades de más de 100 mil habitantes.

En esa línea, se preguntó: ¿Con qué frecuencia disfruta de la vida? Y el 64% dijo estarlo la mayor parte del tiempo este año, a diferencia del 67% que contestó lo mismo el año anterior. Este índice también aumentó de manera inversamente proporcional con la cantidad de habitantes de un pueblo. Un total de 70% dice que disfruta de la vida la mayor parte del tiempo en pueblos pequeños, mientras que el 62% lo hace en ciudades medianas y el 57% en ciudades grandes.

Resultados similares obtuvo la pregunta: ¿con qué frecuencia se sintió tranquilo/a? El 53% dijo estarlo la mayor parte del tiempo este año frente al 48% del año anterior. Una vez más, las personas que viven en pueblos de menos de diez mil habitantes dijeron tener tranquilidad con mayor frecuencia (62%) mientras que el 54% lo hizo para ciudades medianas y solo el 44% contestó que se sintió tranquilo lo mayor parte del tiempo en las ciudades grandes.

Estrés; Energía y vitalidad, relaciones con amigos y amigas, facilidad para el encuentro. Oferta cultural y de entretenimiento fueron los ejes de algunas preguntas. ¿Con qué frecuencia se sintió estresado? Un 58% dijo estarlo la menor parte del tiempo o nunca, en los pueblos pequeños. El número baja cuando se habla de quienes viven en ciudades grandes: el 44% dijo la menor parte del tiempo o nunca, frente al 52% que contestó que tiene estrés la mayor parte del tiempo.

Un punto que no tuvo mayores niveles de adhesión en los pueblos más pequeños fue el de oferta en educación superior, rubro en el que solo el 39% de los encuestados se siente algo conforme (frente al 64% en ciudades grandes); y el de especialidades médicas (salud), en el que solo el 36% de las personas que viven en pueblos se sienten satisfechas (frente a un 62% que directamente no está conforme).

La medición de calidad de vida en pueblos y ciudades argentinas, es un relevamiento anual a cargo de Fundación Colsecor, que busca indagar indicadores relacionados al bienestar en la vida cotidiana. Una serie de preguntas digitales aborda temas como la satisfacción con el lugar donde se habita, el bienestar personal; migración, confianza social, futuro; Estado, mercado e inflación. 

Desarmar y construir nuevamente

Si la felicidad se parece a un estado pleno o, simplemente, se trata de momentos. Si puede ser felicidad colectiva y sobreponerse a los estadíos individuales que cada sujeto pueda tener. Ni hablar del goce y del disfrute en tiempos donde la crisis económica es cada vez mayor y los bolsillos se ajustan todos los días un poco más. Hay factores que pueden depender más de unas causas que de otras y las respuestas pueden ir y venir... 

Lo que sí se puede ver en estudios de estas características es que el modelo de acumulación capitalista y de concentración económica que conocimos hasta acá, ya no resiste más parches. O tal vez sí, pero las respuestas estarán cada vez más limitadas por el daño de las consecuencias, ante un escenario de enorme injusticia y desigualdad.

Emerge entonces, con más fuerza, la necesidad de desconcentrar. Desarmar. Descomprimir. Desmasificar.

Ocupar de distintas maneras las enormes y ricas extensiones de nuestra tierra. Vincularnos de otra manera entre nosotros, con ella y con la naturaleza. Respetarla, porque ya no resiste más daño.

Volver a la idea de la construcción comunitaria, aquella concepción que -por momentos- parece olvidada y sin importancia. Ahí nomás, en esos espacios donde lo masivo todavía no destruye.

En los pueblos y pequeñas ciudades de nuestro interior profundo, aún hay potencia. Y es desde allí, donde -tal vez- sea posible fraguar nuevos lazos y, con mucho trabajo, un lento camino de transformación, empatía, solidaridad, equidad y justicia. 

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